Samana una de las joyas
turísticas de la República Dominicana, lo que yo llamo paraíso terrenal.
Son tantos los atractivos con los que cuenta esta provincia que un día no
alcanza para recorrerlos. Pero en esta ocasión quiero solo resaltar sus dos
puentes peatonales que comunican a
tierra firme con los cayos Linares y Vigía, frente a este pintoresco pueblo,
que durante décadas han sido uno de los emblemas en el paisaje de esta
provincia ubicada al noreste de la isla.
Un
dato interesante es que estos dos puentes fueron construidos a finales de la
década de los 60, durante los primeros doce años del gobierno de Joaquín
Balaguer, como parte de los trabajos de mejoramiento de las vías de
comunicación e infraestructura turística de la provincia. La construcción de
estos puentes tuvo un periodo de 10
años, 1966-1976.
Pasada
las 10 de la mañana del sábado 17 de agosto del 2019, me dirigía a recorrer por
segunda vez este hermoso lugar, acompañada de mis amigos Esmirna y Jairo. Nos
dirigimos desde el Distrito Municipal de Las Galeras en una de las guaguas del
transporte público. Mis amigos muy emocionados por ser la primera vez que
visitaban el lugar, yo pues, también emocionada porque amo este paradisíaco
lugar, sin prestar atención al cambio de clima iniciamos el recorrido.
Eran las 11 de la mañana cuando nos encontrábamos en el malecón de la provincia, como
era de esperarse el hambre atacó y procedimos a comprar unas empanadas, muy
ricas por cierto. Luego de caminar observando las hermosas aguas del mar
Caribe, los barcos y a lo lejos los puentes, la primera actividad en hacer fue
tomarnos unas fotos en el reciente trabajo artístico con las letras de Samana,
casi frente a las casitas del pueblo príncipe. Al momento de hacernos las fotos
comenzó a llover por lo que tuvimos que posponerlo e irnos a reguardar de la
lluvia que aumentaban más y más.
Ya
pasaban las 11:30 y continuaba lloviznando, por lo que decidimos salir bajo la
lluvia a nuestro destino, los dos puentes de Samana. Camino al lugar la lluvia
intensifico y el camino comenzó a llenarse de agua, por suerte encontramos un tractor
y el conductor muy generoso nos ofreció montarnos para cruzar.
Luego
de esa travesía, ya siendo las 12 del medio día al fin llegamos a Playa
Escondida e inmediatamente empezamos a subir los escalones en dirección a los
puentes. Teníamos dos opciones, esperar a que el agua la cual era muy fuerte acampe
o continuar sin importar mojarnos bajo la lluvia. Sin pensarlo dos veces
elegimos la segunda opción. Mis amigos maravillados por la hermosa vista que se
obtenía estando en los puentes, no daban crédito a lo que veían. Corriendo y
saltando como niños bajo la lluvia fue nuestro recorrido, bueno exceptuando a
mi amigo Jairo.
Fue
una experiencia única, la manera en que recorrimos estos puentes. Poder acceder
a los cayos casi vírgenes Linares y
Vigía, hacer contactos con sus árboles y desde allí ver el pueblo de Samana,
sus montañas y las hermosas aguas del
mar Caribe, que por motivo al clima no permitía ver las cristalinas que son sus
aguas, pero eso no nos impidió disfrutar cada segundo del tiempo transcurrido
en este emblemático lugar, que considero uno de los mejores atractivos con los
que cuenta República Dominicana.
Aquí
adjunto unas fotos de mi primera visita, para que puedan ver el hermoso paisaje
cuando hace sol. Y te invito a visitar
este lugar y empieces a disfrutar de todo lo hermoso que tiene nuestra
Quisqueya.




